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Podría llamarse Giulia, pero tampoco me consta.

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Podría llamarse Giulia, pero tampoco me consta.
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Me ha dado por dibujar mujeres con velo. Me salen tristes y orgullosas. Algunas lo desprecian. Algunas serían incapaces de renunciar a él. Yo sencillamente me alegro de poder dibujar y de haber nacido tan lejos del centro: desde niña me permitieron ser indecisa. Dios podría estar en todos los colores, pero no me consta y no me quita el sueño. Me basta que esté donde lo nombro y que luego se esfume.
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Hola.
Pienso en Turquía y en Armenia
porque soy hija de un hombre moreno
porque no me casaré de blanco
a menudo estamos sujetos al dolor de los colores
y tendré un hijo
y con mi hijo dorado mis deudas mortales.
Lo cierto es que al levantarme
a escribir el poema en ciernes
tomaba en cuenta la importancia
de los poemas de Nabokov, el peso, la estrella penetrante
acaso quería pensar en el peso de toda Rusia
ese continente extraño
con el que sueñan los jóvenes que hemos (mal) leído a Fiodor
y padecido a Tarkovski
culpable del ardor y culpable de que el Aratat
quedara del lado que no era
y pensé en mis órganos
aquellos que asedian
Zorro
Nevada
Cuerpo
Miseria
a eso he llamado corazón
a eso pensé rubor frente al incendio
yo rozaba su pureza
con los asomos del exilio
mariposa, ataúd, disparo
tus poemas de viejo dulce impertinente
que también tuvo veinte años
yo viví a la sombra de un árbol
y mutaba
quisimos significar dolientes lo mismo
yo tengo raíces, estoy viejo
escribe, no sueñes con el blanco
yo tengo ramas desnudas
soy lento, eres buena
adiós, a Dios, a ti estrella y falsa pendiente
nunca regreso y de mí mismo el reclamo
ausente
paciencia
lo blanco
Nabokov brillaba y tenía sueños con abedules
mejores que los míos
como los míos
siempre resta y jaula
y suma la sombra y su dolorosa
adyacencia
amamos
pero el paraíso no se asoma
el poema ha podido ser largo y sostenerse
son mis pensamientos y los tuyos
más la sangre que interroga
quise encontrarlo a tiempo
pero el puente fue derribado
yo de antemano tengo tumbas frente a las que no lloraré
doradas luces de la tarde que me hacen preguntarme
de qué tamaño son
mis ruegos
y Turquía y Armenia son mariposas rusas
pantano, quimera y fusil
dos mujeres obtusas que se insultan al pie de la montaña
hay bestias hermosas
que solo engendran locura
–Lo sabía
–No es cierto. Quisiste bordear el acto
pero la belleza no pide calma
no QUIERE suelo ni prestigio
la belleza arrasa corona quema el norte
derriba la espalda de la madre
de los abedules
los poemas de Nabokov me acompañan
le dan sombra al amor de mis mortales
queman
mis adyacencias.
Francis Alÿs
The Nightwatch
Surveillance cameras observe a fox exploring the Tudor and Georgian rooms of the National Portrait Gallery at night.
(via msrooneymara)
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(para A.)
Yo escucho.
Yo finjo.
Yo convenzo.
Pero supongamos que un día
ya no pueda con el mandato.
Le abriría la jaula
a la transparencia de mi sed
dejaría de usar palabras
como penumbra, dolor o hastío
conjugaría a la bestia
y no intentaría ser apta para la piedad.
Porque habría cansado la costura
de los astros
basta de infinitos, sexos y homenajes
no más bosques ni ritos ni pájaros
basta de las bellas suicidas que nos sostienen en sus hombros
basta de ángeles o de zanahorias
de samanes
y de intentos.
Elijo ser
el monstruo más pulcro.
El que puede reconocerse
callado
frente a la sencillez del rencor.
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Se te para el corazón
cuando empieza el descenso
se te prende el ruido
de tus primeras membranas
se te escurre el cielo secreto
y se te enciende el hedor de la carne
como un tótem.
Tengo un problema
quizás en estos tiempos de libertad
sea menos que una virtud:
me gustan mucho los hombres.
Ni más ni menos.
Se te para el plano del fusil
y la postura de bufón de lujo
tengo un problema
se te para un pájaro
en las primeras zanjas de la espalda
entonces la mujer que fue objeto
para el vocablo “trofeo”
se tapa la boca
y crecemos en el revés
del paraíso
en la blanca sustancia que apesta
si no se limpia.
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Fotografía de muñecos de trapos (niños) elaborados por el pintor venezolano Armando Reverón.
Exposición “El lugar de los objetos” realizada en la Galería de Arte Nacional. Caracas, Venezuela. 2001.
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Mi primera visión del poema
es una cáscara vacía
tiene
los bordes pegajosos
como el de un romance prematuro
y siempre le cae
arena en los ojos
cuando intenta alejarse del nido.
Mi primera visión del poema
es lógicamente
un suspenso importante
pero no hay quien se lleve
la mano al pecho y nombre al Señor
acaso es como el encuentro
pongamos de dos personas de mediana edad
en el traspatio de la fiesta
que no pueden mirarse por mucho tiempo
porque ella está casada
y él sólo vino al país a estar de paso.
Pero sucede
ya la cáscara está vacía
y se encuentran
ella se dirige al baño a retocarse la pintura
él se toma un solo trago y repasa sus dones:
billetera, dureza, pasaporte.
La música es una sola, no bulle, pero golpea
y el poema es la hora del hallazgo estratégico
fijar la cita, que sea en un lugar oscuro
compra agua, apaga el teléfono
estoy cansada, piensa ella
estoy cansada
yo finjo
yo sudo
yo contesto
y él sólo se limita
a dar la cara por una llaga antigua
sabe que regresar al país
sólo remueve un primer impulso
ponerse en cuatro
paredón
fusil.
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Cambio de planes. No buscaré nada nuevo esta noche.
Me gusta esa sensación de nostalgia a destiempo cuando leyendo la novela de turno de Pamuk me pilla la necesidad de encontrarme de nuevo con los personajes de sus obras anteriores. Sucede especialmente a propósito de Negro, el protagonista de Me llamo Rojo.
Mi pobre moreno, mi valiente triste, ¿te has pasado la noche pensando en mí y por eso has perdido el color?
Así lo nombra y lo interroga la sinuosa Şeküre. Y este ejercicio interminable de desplazamiento me remite, feliz hallazgo, a esa clase magistral de catalogación que nos lega Darío Jaramillo Agudelo con sus amores imposibles, espectros acompasados y le(t)ales.
Todos los amores imposibles son eternos,
el tiempo no los toca
y no existen traiciones entre los amores imposibles.
Amo con toda intensidad, amo sin límites
a cada uno de mis amores imposibles.
A veces el olor del café trastoca el orden de los años
y voy a dar a la madrugada
de un resplandor que a mí me alumbra
o de pronto la voz de Janis Joplin
me ensarta en una noche cítrica,
de alambre,
la noche del hechizo,
puede ser una forma precisa de mecerse el viento entre los árboles
y la danza del cuerpo,
la eterna danza de un cuerpo eterno
entre la eterna danza de la brisa.
Los eternos amores imposibles
no se tocan, no se cruzan, no pueden verse entre sí,
no existen los celos entre los amores imposibles,
son perfectos los amores imposibles.
Me dejé engañar por un esfuerzo temprano, caí en la farsa de una hazaña primitiva, la certeza infantil y cruel de que esta materia (in)fértil me rendiría cuentas (o yo a ella): enunciar mi propio discurso y mi fenómeno cuando leo, ser animal político que por la palabra encanta y rivaliza, es que yo además de leer también escribo. Yo no quiero escribir como Pamuk, dicho sea de paso, porque como dice Michel, los zorros no saben leer mapas, pero quiero seguir arrastrando mi colección de amores imposibles, morenos de ojos dulces y dañinos, hombres que arrastran una ciudad muy vieja por dentro, con mujeres, asesinos y estaciones.
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O sea, marico, yo me iría demasiado porque en este país ya nacieron los poetas que eran. Pillen esta vaina:
Vivimos a la sombra del polvo pero le damos techo. Y el techo crece cada vez más pero el polvo sigue sorprendiéndose.
-Ida Gramcko.
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A
Tienes que soñar una vida antes de representarla. Pero ¿qué pasa si al cerrar los ojos suspiras y pides, simple y llanamente, estar muerto? Alguien me apuntaba detrás de las piedras, podía sentir la mirada ferviente sobre mi cuello, el aliento del horizonte que es ceniza y conmemoración, no sé por qué, será una cosa de la tribu y el desierto. Luego pasas el resto de tu vida deseando estar muerto, balanceando la mirada al borde de un precipicio, al borde de la casa astuta y negra, donde tus ardillas son devoradas por negros lobos imaginados. En el fondo todas las casas son negras: la luz es un mito, detrás de la gran montaña que nunca más tendremos.
B
Fue el 5 de mayo de 1977. Al principio dudó de la encomienda, pero consintió, cuando Julia emprendió la retirada y metió el pie en un charco.
Está bien, vamos. Y le puso una mano en la espalda y fingió que ya había hecho eso antes.
Julia ordenó la habitación. El dependiente exigió las cédulas de identidad, y se sorprendió de que la mujer, con su aplomo, fuera menor que el muchacho que la acompañaba. A este carajito le tocó una zángana, se dijo, y quiso palmearlo para animarle.
Seguir a una mujer no es lo mismo que seguir su cuerpo. Para seguir el cuerpo basta con subir las escaleras del hotel, meter la llave y dejar afuera la carga de los días, junto a la mesita que sostiene un jarrón barato y olor del cloro que apenas puede disfrazar los residuos de la contienda. Pero seguir a la mujer, como quien acata una resolución originaria, se parece a atravesar el desierto.
La abuela de Aram tenía cinco años cuando caminó hacia Der-Zor. Al padre lo habían fusilado por hacer propaganda a favor de los intelectuales que estaban encarcelados en Estambul. Por ser tan joven ignoraba que podía desear estar muerta y no podía tampoco, como su hermana mayor, tomar la ruta del suicidio. Así, no tuvo opción. Ella y la madre caminaron, tragando deseos y la sed que viene con los deseos, y fue largo, porque largo era el desierto, y ahora mismo, si estuviéramos en medio de él, no podríamos ver las luces de la ciudad. La vida es un deseo largo. Lo único más largo es el miedo, largo como el lomo del monstruo-montaña en la noche sobre la ciudad. A la niña la salvó ser tan pequeña. Unos sirios se apiadaron del cuerpo sucio y seco, que lloraba mientras la madre exhalaba su última dignidad, y la bañaron y le dieron pertenencias. Luego crecería para ser entregada a su marido que demasiado pronto moriría, pero no sin antes dejarle varios hijos, entre ellos Hayk, el padre de Aram, mi abuelo Hayk, el que llegó en barco a La Guaira, con una mujer embarazada de un soldado desconocido, y se preguntó si ese Sol de verdad era tan bueno, si de verdad era tan bueno, de pronto, que el mar estuviera cerca. Por el invierno hay que hacerlo todo, hay que nombrarlo. En cambio, por el largo verano solo debemos recostarnos a la sombra de un sentimiento y respirar bajo esa luz pudiente, cubierta de cenizas de troncos calcinados en la montaña, aun si en el fondo se piensa en el Ararat, pero no importa, porque el largo verano no pide nombre, no pide fábula. En el trópico cualquiera sobrevive. Aquí la gente sobrevive a su fuerte juventud, a sus días fortuitos.
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Some of you will hate me, some of you will like me doing this.
original: http://chireiya.deviantart.com/art/The-Meme-Meme-v1-282694946
High-res version: http://leeyl.deviantart.com/art/The-Meme-meme-Leey-s-fox-298335937
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El señor derviche ve el mundo desde su rincón:
La primera rebelión del ángel
fue preguntarse por lo humano
(la primera rebelión fue preguntar).
La primera rebelión del hombre
fue lavarse.
Muro arrepentido de serlo
Dios es el tiempo que ha florecido en silencio
no perdona a quien no fue arduo.
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Nadie ha venido a la tienda. Mientras tanto, un reblog ligeramente perturbador.
(Source: dgtx)
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6 de mayo de 2012, calor de las 14:00 h en una plaza concurrida. Epílogo de Miguel Gomes. El primer cuento es sobre Alexander Stein y sus cartas. El último texto da nombre al libro.